El error humano está detrás del 75-96 % de todos los accidentes marítimos. La Marine Accident Investigation Branch (MAIB) del Reino Unido, junto con sus homólogas de Australia y Canadá, repiten una y otra vez la misma cifra: entre el 82 y el 85 % de los accidentes en el mar tienen el error humano como causa principal. Y aun así seguimos diseñando los sistemas de seguridad marítima como si las personas fuésemos sensores fiables, procesadores incansables y jueces infalibles.
No lo somos.
La aritmética de la atención: por qué fallan los navegantes
Los estudios sobre la atención sostenida nos dejan una verdad incómoda: en condiciones ideales, una persona no es capaz de mantener una atención óptima más allá de unas 5 horas, y el rendimiento cae en picado tras apenas 90-120 minutos dedicados a tareas monótonas. Y en el mar las condiciones casi nunca son ideales.
Piensa en el sistema de guardias habitual en altura: de 3 a 4 horas de guardia y luego a descansar. Durante esas horas, un solo hombre de guardia tiene que:
- Vigilar el tráfico (a simple vista y con AIS/radar)
- Seguir la evolución del tiempo y los cambios en la previsión
- Navegar y mantener el rumbo
- Controlar los sistemas del barco (eléctricos, mecánicos, estructurales)
- Ajustar las velas buscando rendimiento y seguridad
- Estar pendiente del estado de la tripulación
- Tomar decisiones críticas de seguridad
Cognitivamente, esto es imposible. La atención es un recurso limitado que se agota con el uso. Tras una interrupción, recuperar la concentración plena en la tarea original lleva de media 25 minutos. Y en un entorno marítimo con tantos parámetros en juego, las “interrupciones” no paran.
El desgaste de la vigilancia
Los estudios de laboratorio sobre tareas de atención sostenida muestran que el rendimiento decae sin freno con el paso del tiempo, un fenómeno conocido como “desgaste de la vigilancia”. Y esa caída se acelera cuando:
- La tarea es monótona (como vigilar un horizonte vacío)
- El operador está cansado (como lo está todo navegante de altura)
- Las condiciones del entorno son duras (balanceo, ruido, temperaturas extremas)
- La probabilidad de que ocurra algo es baja (la mayoría de las guardias transcurren sin novedad)
Estar de guardia en el mar reúne las cuatro condiciones a la vez.
29 de noviembre de 2014: cuando los profesionales tocan un arrecife
Hacia las 19:42 UTC, el velero de regata Volvo 65 Team Vestas Wind embistió los bajos de Cargados Carajos, en el océano Índico, a 15-20 nudos. Ese sistema de arrecifes ocupa más de 500 millas náuticas cuadradas. Aparece en todas las cartas oficiales de papel, a cualquier escala. Una tripulación profesional de nueve personas —de las mejores regatistas oceánicas del mundo— se metió de lleno en él.
Qué ocurrió
La investigación oficial, dirigida por Christopher Oxenbould, antiguo subjefe de la Armada australiana, señaló como causa de fondo “un fallo básico en la planificación general de la travesía y un exceso de confianza en la navegación electrónica”.
La tripulación utilizó las cartas electrónicas C-Map, que solo mostraban montes submarinos con sondas de 40 a 42 metros, profundidades consideradas seguras. Nunca consultaron las cartas de papel, donde el extenso sistema de bajos se veía con toda claridad. El navegante dio por seguro el área basándose únicamente en los datos electrónicos.
El navegante estaba dormido en el momento del impacto.
El factor humano
La investigación señaló sin rodeos la fatiga de la tripulación como factor contribuyente: “El patrón y el navegante del barco arrastraban una privación de sueño acumulada”. Los navegantes de la Volvo Ocean Race soportan una carga de trabajo descomunal: optimizar el rendimiento (elección de velas, rutas, análisis meteorológico) mientras se ocupan de las tareas básicas de navegación.
Una regata en puerto cuatro días antes de zarpar redujo el tiempo de preparación del navegante. Existían varias alarmas de seguridad y sistemas de respaldo, pero no estaban activados ni bien configurados. La pantalla del B&G podría haber dado entre 45 y 60 minutos de aviso, si alguien la hubiera estado usando para el trazado de la carta.
Las alarmas de la sonda resultaron inútiles a velocidades de regata superiores a 14 nudos, por la aireación del agua.
No fue incompetencia. Fueron las limitaciones humanas frente a un diseño de sistema insuficiente.
La fatiga: el asesino silencioso
Una investigación de la MAIB de 2004 (con datos de 1989 a 1999) concluyó que la fatiga fue un factor contribuyente importante en el 82 % de las 66 varadas y colisiones registradas entre las 00:00 y las 06:00 horas.
Las rotaciones de guardia habituales en altura —incluso las mejor planteadas— generan una deuda de sueño crónica:
- Guardias de 3 horas por la noche: apenas el tiempo justo para caer en sueño profundo antes de la siguiente guardia
- Guardias de 4 horas durante el día: mejores para descansar, pero acumulan fatiga en travesías de varios días
- Horarios rotativos: impiden adaptarse a cualquier patrón de sueño estable y provocan un “jet lag” permanente
Las travesías de altura de más de 48 horas dejan a la tripulación en un estado de privación parcial y continua de sueño. El rendimiento cognitivo se deteriora. Los reflejos se ralentizan. Las decisiones empeoran. La percepción del riesgo se distorsiona.
Y aun así esperamos que navegantes agotados detecten amenazas poco probables en un océano inmenso y vacío, mientras manejan complejos sistemas del barco y toman decisiones de navegación que son de vida o muerte.
El problema de los múltiples parámetros: demasiado, demasiado rápido
La navegación moderna impone una carga cognitiva imposible:
Navegación
- Cartas electrónicas con varias capas
- Capa de tráfico AIS
- Ecos de radar
- Seguimiento de la posición GPS
- Planificación de rutas y gestión de waypoints
Meteorología
- Interpretación de los archivos GRIB
- Comparación de varios modelos meteorológicos
- Cotejo entre la observación local y la previsión
- Análisis de viento, olas, corriente y visibilidad
Sistemas del barco
- Redes NMEA 2000 con decenas de sensores
- Control del sistema eléctrico (baterías, paneles solares, alternadores)
- Sistemas mecánicos (motor, bombas, piloto automático)
- Integridad estructural (tensión de la jarcia, esfuerzos del casco)
Tráfico
- Vigilancia visual (la obligación de mantener un vigía a 360 grados)
- Seguimiento de objetivos AIS y cálculo del CPA
- Correlación de contactos de radar
- Aplicación del RIPA y prevención de abordajes
Cada sistema genera datos. La mayoría son irrelevantes casi todo el tiempo. Pero discernir qué es relevante exige una atención constante: justo el recurso que esa misma carga cognitiva va agotando.
No es un problema humano que tenga solución. Es un fallo de diseño del sistema.
La paradoja de la atención: vigilar cuando no pasa nada
Lo más cruel de la seguridad marítima es que los accidentes son raros. Un navegante puede completar decenas de travesías de altura sin un incidente grave. Y ahí surge un problema psicológico de raíz: mantener la atención al máximo ante hechos que casi nunca ocurren.
Los estudios sobre tareas de vigilancia muestran que la tasa de detección se desploma cuando los sucesos a detectar son poco frecuentes. El cerebro humano se acostumbra a lo normal —océano vacío, sin tráfico, sistemas en orden— y la detección de amenazas se vuelve cada vez menos fiable.
Cuando por fin llega ese suceso crítico tan raro (un barco con rumbo de colisión, un arrecife por delante, una avería), el navegante fatigado, saturado y con la vigilancia desgastada tiene que detectarlo, interpretarlo bien y responder como toca, a menudo en cuestión de minutos.
Lo sorprendente no es que haya accidentes. Lo sorprendente es que no haya muchos más.
Qué significa todo esto para la seguridad marítima
El sector marítimo ha levantado todo un marco de seguridad sobre la suposición de que las personas vamos a:
- Mantener una atención perfecta durante horas o días
- Procesar varios flujos de datos a la vez
- Detectar hechos raros sobre un fondo monótono
- Tomar las mejores decisiones cansados y faltos de sueño
- No pasar nunca por alto un detalle crítico en entornos complejos y saturados de información
Esa suposición es científicamente indefendible.
Las pruebas son abrumadoras:
- El 80-85 % de los accidentes marítimos implican error humano
- El 82 % de las varadas y colisiones nocturnas tienen que ver con la fatiga
- El rendimiento de la atención sostenida decae a partir de los 90-120 minutos
- La carga cognitiva de los entornos con múltiples parámetros supera la capacidad humana
- La falta de sueño que provocan los sistemas de guardia merma el juicio y los reflejos
- Hasta las tripulaciones profesionales de élite cometen errores básicos de navegación cuando están agotadas
La única conclusión lógica
Si las personas no podemos mantener de forma fiable la atención, la vigilancia y el rendimiento cognitivo que exige la seguridad en la navegación de altura —y todo indica que no podemos—, entonces la atención humana no puede ser el mecanismo de seguridad principal.
Hacen falta sistemas que:
- Vigilen sin descanso y sin fatigarse
- Procesen varios flujos de datos al mismo tiempo
- Detecten sucesos poco probables con una fiabilidad constante
- Avisen a las personas solo cuando hace falta intervenir
- Funcionen como capa de seguridad principal, y no como respaldo de la guardia humana
No se trata de sustituir a los navegantes. Se trata de asumir que las limitaciones humanas no son un fallo moral, sino una realidad fisiológica. La atención es finita. La fatiga es inevitable. El desgaste de la vigilancia es universal.
A las personas no se nos puede “arreglar”. A los sistemas sí se los puede diseñar teniendo en cuenta lo que de verdad somos: solucionadores de problemas extraordinarios, adaptables y creativos, pero con limitaciones cognitivas profundas e ineludibles.
La pregunta no es si la tecnología debería asumir las tareas principales de vigilancia en el mar. La pregunta es por qué el sector marítimo sigue fingiendo que tener a navegantes agotados mirando horizontes vacíos durante horas es una estrategia de seguridad aceptable.
Referencias
- Marine Accident Investigation Branch (MAIB) del Reino Unido – Análisis de 135 informes de accidentes (2010-2019): hubo fallo humano en 211 de los 277 factores causales identificados
- Estudio de la MAIB sobre fatiga (2004) – Análisis de datos de 1989-1999: la fatiga fue un factor contribuyente importante en el 82 % de las varadas y colisiones nocturnas
- Informe oficial de investigación del Team Vestas Wind – Oxenbould, C. (2015). Investigación de la varada en la Volvo Ocean Race
- Investigación psicológica sobre la atención sostenida – “Sustaining Attention to Simple Tasks: A Meta-Analytic Review of the Neural Mechanisms of Vigilant Attention”, PMC3627747
- El error humano en los accidentes marítimos – Diversos estudios que sitúan entre el 75 y el 96 % los accidentes marítimos con error humano de por medio (informes de MAIB, ATSB y TSB)





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