High-speed vessel crossing calm waters

El RIPA y las reglas de abordaje para el patrón que se equivoca con aplomo (Parte 1)

El marco legal completo que evita que choques contra las cosas — y por qué leer una sola regla es como leer un solo capítulo de una novela de misterio.

Aviso: Este artículo se ofrece únicamente con fines educativos e informativos. No constituye asesoramiento jurídico, marítimo ni de navegación profesional. El Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes en la Mar (RIPA/COLREG) es una normativa compleja cuya aplicación varía de una jurisdicción a otra. Este contenido es un resumen simplificado y no sustituye al texto íntegro del reglamento, a las publicaciones oficiales de la OMI, a la legislación marítima nacional ni a la formación profesional.

La escena

Sábado por la tarde, en julio. Las Bocas de Bonifacio, siete millas náuticas de caos azul entre Córcega y Cerdeña. El viento sopla del oeste a 18 nudos, con rachas de 25. La visibilidad es excelente. El estrecho está hasta los topes: tres ferris en su horario, un superyate a doce nudos sin nadie en el flybridge, una flotilla de catamaranes de chárter virando en formación como gansos despistados, y tú — ciñendo amurado a babor, café en mano, con el piloto automático puesto, preguntándote si ese eco AIS a 2,3 millas va a darte problemas.

Va a darte problemas.

En algún rincón de tu cabeza, una voz dice: “El que va amurado a estribor tiene preferencia.” Y tienes razón. Regla 12. Buques de vela. El amurado a babor cede el paso al amurado a estribor. Lo aprendiste en tu curso de patrón. El instructor tenía un diagrama en la pizarra con dos barquitos y sus flechas.

Lo que el instructor no mencionó — porque tocaba ir a comer — es que la Regla 12 no existe en el vacío. Vive dentro de un sistema de diecisiete reglas engranadas, cada una de las cuales modifica, limita o, a veces, contradice a las demás. Quedarte solo con la que te conviene es el equivalente marítimo de leer la Segunda Enmienda sin leer el resto de la Constitución. Acabarás convencido, en voz alta y equivocado.

Así que leámoslo entero.

Por qué no puedes leer una sola regla

El RIPA — el Convenio sobre el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes en la Mar — fue adoptado por la OMI en 1972 y entró en vigor en 1977. Desde entonces se ha enmendado varias veces, la más reciente mediante diversas resoluciones sobre los dispositivos de separación del tráfico y las luces de los buques. Se aplica a todos los buques en alta mar y en todas las aguas que con ellas comuniquen y sean navegables por los buques de navegación marítima.

Todos los buques. Tu barco de 52 pies. El portacontenedores. El pesquero. El kayak. El superyate cuyo capitán está abajo preparándose un espresso.

Las reglas para evitar abordajes están en la Parte B del RIPA, de la Regla 4 a la 19. Se organizan en tres secciones:

  • Sección I (Reglas 4–10): Conducta en cualquier condición de visibilidad
  • Sección II (Reglas 11–18): Conducta de los buques que se encuentran a la vista unos de otros
  • Sección III (Regla 19): Conducta en condiciones de visibilidad reducida — buques que no están a la vista unos de otros

Por encima de todas ellas reina la Regla 2 — Responsabilidad, lo más parecido a una declaración filosófica que tiene el derecho marítimo. Viene a decir, en esencia: estas reglas no son una excusa. No puedes cumplir las reglas a la perfección y proclamarte inocente si dejaste de obrar con la prudencia ordinaria del buen marino. Las reglas son un mínimo, no un máximo.

Y esto importa. A un tribunal le dará igual que técnicamente tuvieras preferencia si te metiste en un abordaje que se veía venir mientras sorbías tu Aperol Spritz. La Regla 2 es la trampilla legal que se abre bajo todas las demás reglas del libro.

Recorramos el sistema, en orden, porque el orden importa.

Los cimientos: las reglas que siempre rigen

Estas reglas se aplican en cualquier condición de visibilidad — niebla, sol radiante, medianoche, mediodía. Son el zumbido permanente de fondo del sistema. Todo lo demás se construye encima de ellas.

Regla 2 — Responsabilidad

La regla preámbulo. La que dice que las reglas, por sí solas, no bastan.

(a) Nada de lo dispuesto en este Reglamento eximirá a ningún buque, ni a su propietario, capitán o tripulación, de las consecuencias de cualquier negligencia en el cumplimiento de este Reglamento o de la negligencia en tomar cualquier precaución que pudieran exigir la práctica ordinaria de los marinos o las circunstancias especiales del caso.

(b) Al interpretar y cumplir lo dispuesto en este Reglamento se tomarán en consideración todos los peligros de la navegación y de abordaje, así como todas las circunstancias especiales, incluidas las limitaciones de los buques en cuestión, que pudieran hacer necesario apartarse de este Reglamento para evitar un peligro inmediato.

Traducción: cumple las reglas, pero si las reglas están a punto de matarte, sáltatelas. Y si cumples las reglas pero te olvidas de lo básico del buen marino, las reglas no te salvarán ante el tribunal.

Es la regla más importante del libro. Y también la que más gente se salta, porque suena a cláusula legal de descargo. No es un descargo. Es el fundamento filosófico de todo el sistema.

Regla 4 — Ámbito de aplicación

La Sección I se aplica en cualquier condición de visibilidad.

Esa es la regla entera. Una frase. Existe para que te quede claro que las Reglas 5 a 10 están siempre activas. No hay condición meteorológica, hora del día ni estado de ánimo que las desconecte.

Regla 5 — Vigilancia

Todo buque mantendrá en todo momento una eficaz vigilancia visual y auditiva, utilizando asimismo todos los medios disponibles que sean apropiados a las circunstancias y condiciones del momento, para evaluar plenamente la situación y el riesgo de abordaje.

Una frase. Una vigilancia que parece de cajón. La regla que más se incumple en toda la navegación de recreo.

“Todos los medios disponibles” no significa levantar la vista del plóter cada cierto rato. Significa ojos, oídos, radar, AIS, prismáticos y el tripulante que pusiste de vigía (lo pusiste, ¿verdad?). Y no, tu piloto automático no es un vigía. Gobierna un rumbo. No mira hacia dónde va. “En todo momento” significa en todo momento. No “cuando te apetece”. No “cuando no estás preparando la comida”. No “cuando no estás abajo retocando la mesa de cartas”. No “cuando estás sentado en el váter”. No “cuando intentas desatascar la válvula del depósito de aguas negras con las dos manos”. No “cuando estás haciendo videollamada con tu suegra desde la bañera de la bajada”. La OMI no incluyó una exención para el baño. La Regla 5 te sigue hasta el váter. Y, no por casualidad, es también la regla del RIPA más buscada en internet — muy probablemente desde el propio váter.

Las investigaciones de accidentes concluyen una y otra vez que la causa principal de los abordajes de embarcaciones de recreo es no mantener una vigilancia adecuada. No el fallo de un equipo. No el mal tiempo. No la confusión con las reglas. Simplemente, que nadie estaba mirando.

Regla 6 — Velocidad de seguridad

Todo buque navegará en todo momento a una velocidad de seguridad tal que le permita ejecutar la maniobra adecuada y eficaz para evitar el abordaje y pararse a la distancia que sea apropiada a las circunstancias y condiciones del momento.

La regla enumera a continuación los factores a tener en cuenta: la visibilidad, la densidad del tráfico, la maniobrabilidad del buque (con especial referencia a la distancia de parada y la capacidad de giro), la luz de fondo de noche, el estado del viento, la mar y la corriente, la proximidad de peligros para la navegación y el calado del buque en relación con la profundidad disponible.

Para los buques con radar, hay factores adicionales: las características, la eficacia y las limitaciones de tu equipo de radar; cualquier restricción impuesta por la escala de radar en uso; el efecto del estado de la mar, de la meteorología y de otras fuentes de interferencia sobre la detección por radar; la posibilidad de que las embarcaciones pequeñas, el hielo y otros objetos flotantes no se detecten a la distancia adecuada; y el número, la situación y el movimiento de los buques detectados por radar.

La “velocidad de seguridad” no es una cifra. Es un criterio. Una velocidad segura en aguas abiertas con buena visibilidad no lo es al aproximarte a un fondeadero abarrotado con niebla. El mismo barco, el mismo motor, el mismo timonel — distintas circunstancias exigen distintas velocidades. Si no puedes parar o virar a tiempo para evitar un abordaje, vas demasiado rápido. Y punto.

Regla 7 — Riesgo de abordaje

(a) Cada buque hará uso de todos los medios disponibles que sean apropiados a las circunstancias y condiciones del momento para determinar si existe riesgo de abordaje. En caso de duda, se considerará que ese riesgo existe.

(b) Si se dispone de equipo radar y este funciona, se utilizará en forma adecuada, incluyendo la exploración a gran escala para obtener una alerta anticipada del riesgo de abordaje, así como el punteo radar u observación sistemática equivalente de los objetos detectados.

(c) No se llegará a conclusiones a partir de información insuficiente, especialmente de información radar insuficiente.

(d) Al determinar si existe riesgo de abordaje se tendrán en cuenta, entre otras, las siguientes consideraciones: (i) se considerará que existe ese riesgo si la demora de un buque que se aproxima no varía de forma apreciable; (ii) ese riesgo puede existir a veces incluso cuando se aprecie una variación apreciable de la demora, en particular al aproximarse a un buque de gran tamaño o a un remolque, o al aproximarse a un buque a corta distancia.

El apartado (c) es el que debería llevar tatuado en el antebrazo todo patrón que alguna vez haya dicho “creo que vamos bien” mientras contempla un eco AIS ambiguo. Si la información es insuficiente, ponte en lo peor. Si la demora no cambia, vas rumbo a un abordaje. Y si no estás seguro de si la demora cambia, probablemente vayas rumbo a un abordaje.

La prueba de la demora constante con distancia decreciente es el truco más viejo del oficio. Toma una demora del buque que se aproxima. Espera. Toma otra. Si la demora no ha cambiado y la distancia se ha reducido, estáis convergiendo. Funciona con un compás de marcaciones, con un radar, con la superposición del AIS o con el pulgar extendido a brazo abierto contra la jarcia. No hace falta tecnología. Solo atención.

Regla 8 — Maniobras para evitar el abordaje

(a) Toda maniobra que se efectúe para evitar un abordaje será, si las circunstancias del caso lo permiten, positiva, ejecutada con la debida antelación y respetando las buenas prácticas marineras.

(b) Cualquier cambio de rumbo o de velocidad, o de ambos, que se efectúe para evitar un abordaje será, si las circunstancias del caso lo permiten, lo bastante amplio como para que lo perciba con facilidad otro buque que lo observe visualmente o por radar; debe evitarse una sucesión de pequeños cambios de rumbo o de velocidad, o de ambos.

(c) Si hay espacio de mar suficiente, el cambio de rumbo por sí solo puede ser la maniobra más eficaz para evitar una situación de aproximación excesiva, siempre que se haga con la debida antelación, sea considerable y no dé lugar a otra situación de aproximación excesiva.

(d) Las maniobras que se efectúen para evitar el abordaje con otro buque serán tales que se logre pasar a una distancia segura. La eficacia de la maniobra se comprobará hasta que el otro buque haya pasado y quede completamente franco.

(e) Si es necesario para evitar el abordaje o para disponer de más tiempo para evaluar la situación, el buque reducirá su velocidad o suprimirá su arrancada parando o invirtiendo sus medios de propulsión.

Esta regla es el antídoto contra el error más común al evitar un abordaje: el cambio de rumbo tímido. Cinco grados a estribor no es una maniobra de evasión. Es una insinuación. El otro buque no la ve. Su radar no la detecta. No has evitado nada — lo único que has conseguido es sembrar ambigüedad.

La Regla 8 exige rotundidad. Mete treinta grados de timón. Mete sesenta. Reduce drásticamente. Para. Haz algo evidente. El otro buque necesita ver lo que haces y entender tu intención. Una sucesión de correcciones pequeñas y nerviosas es peor que no hacer nada, porque transmite indecisión.

Y el apartado (d): no has terminado al mover la rueda. Has terminado cuando el otro buque “haya pasado y quede completamente franco”. Vigila el resultado. Si tu maniobra no funciona, maniobra más.

Regla 9 — Canales angostos

(a) Los buques que naveguen a lo largo de un paso o canal angosto se mantendrán lo más cerca posible del límite exterior del paso o canal que quede por su costado de estribor, siempre que puedan hacerlo sin que ello entrañe peligro.

(b) Los buques de eslora inferior a 20 metros o los buques de vela no estorbarán el tránsito de un buque que solo pueda navegar con seguridad dentro de un paso o canal angosto.

(c) Los buques dedicados a la pesca no estorbarán el tránsito de ningún otro buque que navegue dentro de un paso o canal angosto.

(d) Ningún buque cruzará un paso o canal angosto si al hacerlo estorba el tránsito de otro buque que solo pueda navegar con seguridad dentro de dicho paso o canal. Este último buque podrá usar la señal acústica prescrita en la Regla 34(d) si abriga dudas sobre la intención del buque que cruza.

Aquí es donde la idea romántica de que “la vela tiene preferencia sobre el motor” se estrella contra un muro de hormigón. Tu balandro de 14 metros no tiene preferencia sobre un portacontenedores de 300 metros en un canal angosto. La Regla 9(b) dice que no estorbarás. No “deberías no estorbar”. No “procura evitarlo”. No estorbarás. El buque no puede salirse del canal. Tú sí. Fin de la discusión.

Regla 10 — Dispositivos de separación del tráfico

Mismo principio. Cuando esté en vigor un dispositivo de separación del tráfico, los buques que lo utilicen navegarán por la vía de circulación apropiada en el sentido general de la corriente del tráfico. El cruce se hará formando ángulo recto con el sentido general de la corriente del tráfico. Los buques de eslora inferior a 20 metros, los buques de vela y los buques dedicados a la pesca no estorbarán el tránsito seguro de los buques de propulsión mecánica que naveguen por una vía de circulación.

De nuevo: en un DST, tu yate no manda en la carretera. Lo hace el tráfico comercial. Cruza limpio, en ángulo recto, o mantente del todo al margen.

Cuando os veis: las reglas del encuentro

Estas son las reglas que todo el mundo cree conocer. Y son también las que peor se aplican, porque la gente recuerda el diagrama pero olvida el contexto.

Estas reglas solo se aplican cuando los buques están a la vista unos de otros. Es la distinción más importante de todo el sistema del RIPA. A la vista significa que puedes ver al otro buque con tus propios ojos — no solo en el radar, no solo en el AIS. Si solo lo ves por medios electrónicos, no estáis a la vista, y entonces se aplica la Regla 19 (visibilidad reducida). Si te equivocas en esto, estarás aplicando un conjunto de reglas equivocado por completo.

La Regla 11 establece que la Sección II se aplica a los buques que están a la vista unos de otros. Una sola frase, pero traza la línea más nítida del reglamento: todo lo de esta sección — las reglas de la vela, las del alcance, las del cruce, la jerarquía — se desconecta en el instante en que pierdes el contacto visual.

Regla 12 — Buques de vela

Cuando dos buques de vela se aproximen uno al otro con riesgo de abordaje, uno de ellos se mantendrá apartado de la derrota del otro de la siguiente manera:

(a) Cuando cada uno reciba el viento por bandas distintas, el que lo reciba por babor se mantendrá apartado de la derrota del otro.

(b) Cuando ambos reciban el viento por la misma banda, el que esté a barlovento se mantendrá apartado de la derrota del que esté a sotavento.

(c) Si un buque que recibe el viento por babor avista a otro a barlovento y no puede determinar con certeza si el otro recibe el viento por babor o por estribor, se mantendrá apartado de la derrota del otro.

En lenguaje llano: el amurado a babor cede el paso al amurado a estribor. Si ambos vais por la misma amura, cede el de barlovento. Y si vas amurado a babor y no estás seguro de lo que hace el otro barco, cede de todas formas.

Es la regla que todo navegante aprende primero. Y también la que menos se aplica en el mundo real, porque en cuanto cualquiera de los dos barcos arranca el motor pasa a ser un buque de propulsión mecánica y la Regla 12 desaparece del cuadro por completo. La mayoría de los encuentros “a vela” en aguas concurridas son en realidad encuentros a motor, porque la mayoría de los cruceristas van a motovela. Sé honesto contigo mismo sobre qué reglas se te aplican de verdad.

Regla 13 — Buque que alcanza

(a) No obstante lo dispuesto en las Reglas de la Sección II, todo buque que alcance a otro se mantendrá apartado de la derrota del buque alcanzado.

Lee otra vez esa primera frase. No obstante lo dispuesto en las Reglas de la Sección II. Significa que la regla del alcance prevalece sobre todo lo demás de esta sección. Vela, motor, pesca, sin gobierno — da igual. Si estás alcanzando, eres el buque que cede el paso. Y punto.

(b) Se considerará como buque que alcanza a otro a todo aquel que se aproxime a otro viniendo desde una marcación mayor de 22,5 grados a popa del través de este — es decir, en una posición tal respecto del buque alcanzado que, de noche, solo pudiera ver la luz de alcance de dicho buque pero ninguna de sus luces de costado.

(d) Ninguna variación posterior de la marcación entre los dos buques hará del buque que alcanza un buque que cruza, en el sentido de este Reglamento, ni lo eximirá de la obligación de mantenerse apartado del buque alcanzado hasta que lo haya adelantado por completo y quede franco.

Quien alcanza, alcanza siempre — mientras dure ese encuentro. No puedes mejorar tu posición legal cambiando tu ángulo de aproximación. La geometría en el momento del encuentro define la relación. Esto impide la maniobra de torcer un poco para convertirte de buque que alcanza (cede el paso) en buque que cruza (que tal vez mantenga su rumbo). Los abogados marítimos lo llaman “geometría creativa”. Los jueces lo llaman “responsabilidad”.

Regla 14 — Situación de vuelta encontrada

Cuando dos buques de propulsión mecánica naveguen de vuelta encontrada a rumbos opuestos o casi opuestos, con riesgo de abordaje, cada uno de ellos caerá a estribor de forma que pase por la banda de babor del otro.

(b) Se considerará que esa situación existe cuando un buque vea a otro por la proa o casi por la proa y, de noche, pudiera ver las luces de tope de ese otro buque enfiladas o casi enfiladas, o las dos luces de costado, y, de día, observe el aspecto correspondiente del otro buque.

(c) Cuando un buque abrigue dudas sobre si existe tal situación, supondrá que existe y actuará en consecuencia.

Ambos buques caen a estribor. Ambos pasan babor con babor. Si no estás seguro de que sea vuelta encontrada, supón que lo es. Sencilla, simétrica, contundente. Es la única regla que exige una acción idéntica de ambas partes, y precisamente por eso funciona tan bien y falla tan poco.

Regla 15 — Situación de cruce

Cuando dos buques de propulsión mecánica naveguen de forma que crucen sus derrotas, con riesgo de abordaje, el que tenga al otro por su costado de estribor se mantendrá apartado de su derrota y, si las circunstancias del caso lo permiten, evitará cortarle la proa.

El buque que está a tu derecha tiene la preferencia. Tú eres el que cede el paso. Evitarás cortarle la proa al buque que mantiene su rumbo — lo que significa que pasas por su popa, no por su proa. Es la situación de cruce que más discusiones genera en las reuniones tras un abordaje, porque el buque que cedía el paso casi siempre creyó que “llegaba a pasar”.

No llegaba.

Regla 16 — Maniobra del buque que cede el paso

Todo buque que esté obligado a mantenerse apartado de la derrota de otro buque maniobrará, en lo posible, con la debida antelación y de forma decidida para quedar bien franco del otro.

Tres ideas que cargan con todo el peso: con antelación, de forma decidida y bien franco. No “a la larga”. No “ligeramente”. No “justito”. Si eres el buque que cede el paso, actúa con resolución, actúa pronto y deja un margen generoso. Si el buque que mantiene su rumbo puede ver que has maniobrado, probablemente lo estés haciendo bien. Si no puede verlo, no lo estás haciendo bien.

Regla 17 — Maniobra del buque que mantiene su rumbo

(a)(i) Cuando uno de dos buques deba mantenerse apartado de la derrota del otro, este último mantendrá su rumbo y velocidad.

(a)(ii) No obstante, este último buque podrá maniobrar para evitar el abordaje por su sola maniobra, tan pronto como le resulte evidente que el buque obligado a mantenerse apartado no está actuando de forma adecuada con arreglo a este Reglamento.

(b) Cuando, por cualquier causa, el buque que ha de mantener su rumbo y velocidad se halle tan próximo al otro que no pueda evitarse el abordaje por la sola maniobra del buque que cede el paso, efectuará la maniobra que mejor pueda contribuir a evitar el abordaje.

(c) Un buque de propulsión mecánica que maniobre en una situación de cruce, de acuerdo con el apartado (a)(ii) de esta Regla, para evitar el abordaje con otro buque de propulsión mecánica, no caerá a babor, si las circunstancias del caso lo permiten, para evitar a un buque que se encuentre por su propio costado de babor.

La Regla 17 es la más malinterpretada del libro. Crea una obligación de tres fases para el buque que mantiene su rumbo:

Fase 1: Mantén rumbo y velocidad. Eres previsible. El buque que cede el paso necesita saber dónde estarás.

Fase 2: Si el buque que cede el paso claramente no está maniobrando, puedes maniobrar tú mismo para evitar el abordaje. Es un permiso, no una obligación.

Fase 3: Si el abordaje es ya inminente y la sola maniobra del buque que cede el paso no puede evitarlo, debes maniobrar. Es una obligación, no un permiso.

El deber del buque que mantiene su rumbo de no cambiar rumbo ni velocidad no es una licencia para meterse en un abordaje gritando “¡tengo preferencia!”. Tenías preferencia. Luego tenías la obligación de maniobrar. La transición entre estas fases es donde se producen de verdad la mayoría de los abordajes — en ese hueco entre “deberían estar virando” y “Dios mío, no están virando”. La Fase 3 tiene su propio sonido — suele ser el de la VHF, cinco segundos demasiado tarde.

Regla 18 — Obligaciones entre categorías de buques

La jerarquía de las obligaciones de ceder el paso, en orden descendente de privilegio:

  1. Buque sin gobierno (máxima prioridad — no cede el paso a nadie)
  2. Buque con capacidad de maniobra restringida
  3. Buque restringido por su calado (en determinadas circunstancias)
  4. Buque dedicado a la pesca
  5. Buque de vela
  6. Buque de propulsión mecánica (mínima prioridad — cede el paso a todos los anteriores)

Tómatelo como un orden jerárquico de corral. Tú eres la gallina.

Todo buque de propulsión mecánica en navegación se mantendrá apartado de la derrota de: un buque sin gobierno, un buque con capacidad de maniobra restringida, un buque dedicado a la pesca y un buque de vela.

Todo buque de vela en navegación se mantendrá apartado de la derrota de: un buque sin gobierno, un buque con capacidad de maniobra restringida y un buque dedicado a la pesca.

Pero — y este es el pero que hunde barcos — la Regla 18 no modifica las Reglas 9, 10 y 13. En un canal angosto, cedes el paso a los buques que solo pueden navegar dentro del canal, sea cual sea tu posición en la jerarquía. En un DST, el mismo principio. Y si estás alcanzando, eres tú quien cede el paso, aunque seas un velero alcanzando a una embarcación de motor.

La jerarquía es lo que rige por defecto, no lo que prevalece sobre todo.

Cuando no os veis

Regla 19 — Conducta de los buques con visibilidad reducida

Este es el otro régimen. Todo lo anterior de la Sección II da por hecho que los buques están a la vista unos de otros. La Regla 19 se aplica cuando no estáis a la vista — cuando navegas dentro o cerca de una zona de visibilidad reducida.

(b) Todo buque navegará a una velocidad de seguridad adaptada a las circunstancias y condiciones de visibilidad reducida del momento. Los buques de propulsión mecánica tendrán las máquinas listas para maniobrar de inmediato.

(d) El buque que detecte únicamente por radar la presencia de otro buque determinará si se está creando una situación de aproximación excesiva o existe riesgo de abordaje. En tal caso, maniobrará con la debida antelación, evitando en lo posible, cuando dicha maniobra consista en un cambio de rumbo: (i) caer a babor para evitar a un buque que se encuentre por delante del través, salvo que se trate de un buque al que se está alcanzando; (ii) cambiar de rumbo dirigiéndose hacia un buque que esté por el través o por detrás del través.

(e) Salvo cuando se haya determinado que no existe riesgo de abordaje, todo buque que oiga, al parecer por delante de su través, la señal de niebla de otro buque, o que no pueda evitar una situación de aproximación excesiva con otro buque situado por delante de su través, reducirá su velocidad hasta la mínima de gobierno. Si es necesario, suprimirá su arrancada y, en todo caso, navegará con extremada precaución hasta que desaparezca el peligro de abordaje.

La Regla 19 es un régimen completamente distinto del de la Sección II. Cuando no puedes ver al otro buque — cuando el encuentro es solo por radar — el esquema de mantener el rumbo / ceder el paso no se aplica. No hay buque que mantenga su rumbo. No hay buque que ceda el paso. Hay solo dos buques en la niebla intentando no chocar.

La restricción clave: no caigas a babor para evitar a un buque que tengas por delante. Esto crea un patrón de evasión previsible — los buques tienden a caer a estribor — sin necesitar el tipo de reparto de papeles que exige contacto visual.

La Regla 19 es donde los navegantes de recreo están más peligrosamente desprevenidos. La mayoría nunca ha practicado la evasión de abordajes solo por radar. La mayoría nunca ha estado en una niebla lo bastante cerrada como para necesitarlo. La primera vez es siempre de verdad.

Los pilotos tienen un nombre para esto. Cuando un piloto que vuela con reglas visuales se mete en una nube sin formación instrumental, el tiempo medio antes de perder el control es de 178 segundos. El equivalente marítimo es menos dramático — tu barco no entrará en pérdida ni caerá en barrena —, pero la desorientación es idéntica. Pierdes las referencias visuales en las que te has apoyado toda tu vida navegando, y las reglas que memorizaste dejan de servir. Estás ahora en territorio de la Regla 19, y nunca has estado aquí.

El sistema, no las reglas

Si has llegado hasta aquí, ahora sabes más sobre el RIPA que la mayoría de quienes llevan veinte años navegando. Pero la idea nunca fue memorizar diecisiete reglas. La idea era ver cómo encajan entre sí.

La Regla 5 (vigilancia) alimenta a la Regla 7 (evaluación del riesgo). La Regla 7 alimenta a la Regla 8 (maniobra). La Regla 8 queda modificada según estés en un canal angosto (Regla 9), en un DST (Regla 10) o en aguas abiertas. Si estás en aguas abiertas y a la vista el uno del otro, las Reglas 12–18 te dicen quién cede el paso. Si no estáis a la vista, la Regla 19 sustituye a toda la Sección II. Y por encima de todo, la Regla 2 dice: nada de esto es excusa para no usar la cabeza.

Es un sistema. Tiene una filosofía. Y la filosofía es: mira, evalúa, maniobra con decisión y nunca des por hecho que el otro buque sabe lo que hace.

Porque probablemente no lo sepa. Y probablemente esté googleando la Regla 5 desde el váter.

Parte 2 — Puesta en práctica: situaciones del mundo real, marcos para la toma de decisiones y qué hacer cuando el otro barco claramente no se ha leído la Parte 1.

Aviso legal:

  • La información de este artículo se basa en el Convenio sobre el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes en la Mar, 1972 (en su versión enmendada). Las aplicaciones nacionales pueden diferir. Consulta siempre la normativa vigente en la jurisdicción donde navegues.
  • Nada de lo expuesto en este artículo debe interpretarse como una interpretación autorizada de ninguna regla del RIPA. Para interpretaciones definitivas, consulta a tu autoridad marítima nacional, a un abogado marítimo cualificado o a la OMI.
  • Los productos de Galvanic Works SL son herramientas de apoyo a la decisión, no ayudas a la navegación certificadas ni sistemas anticolisión. La navegación segura sigue siendo responsabilidad exclusiva del patrón de la embarcación.
  • Galvanic Works SL, sus directivos, empleados y filiales no aceptan responsabilidad alguna por cualquier pérdida, daño, lesión o fallecimiento derivados del uso de la información de este artículo o de la confianza depositada en ella.
  • Se recomienda a todos los navegantes completar un curso reconocido de seguridad marítima (por ejemplo, RYA, US Sailing, World Sailing) que abarque el RIPA y la prevención de abordajes.

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